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Piel y Aloe Vera

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El estilo de vida actual de las sociedades industrializadas incorpora numerosos factores de riesgo que sobrecargan la integridad y función de la piel: una alimentación inadecuada, factores de estrés psicoemocional, la carga de tóxicos ambientales, el exceso de limpieza, la falta de actividad física o la falta de contacto con el sol la mayor parte del año, y la sobrexposición en periodos temporales cortos, son factores que facilitan la instauración de procesos inflamatorios de bajo grado y que alteran el estado de la flora cutánea, mecanismos ambos que pueden terminar afectando a la piel.

La piel es uno de los órganos más complejos del organismo que asume diferentes funciones, la más importante quizá, sea la inmunitaria, ya que supone una de las barreras fundamentales junto a la digestiva y la respiratoria, que limita el interior del exterior del cuerpo, de tal manera, que dificulta la entrada de microbios hacia el interior del organismo.

Está función, no la puede hacer la piel por si sola, sino que necesita de la participación de toda una serie de microorganismos que forman parte de la llamada microbiota o flora cutánea, así como de la acción de proteínas y péptidos con funciones inmunitarias. La buena relación entre estos elementos conferirá a la piel una integridad que le permitirá cumplir esta función protectora.

Otra función no menos importante de este órgano es la función social que evolutivamente ha adquirido, de aquí que la mayor parte de las afecciones cutáneas, especialmente crónicas, tienen un impacto muy significativo sobre la autoestima y la esfera social de los pacientes.

Una vez que este órgano pierde la capacidad de regular la actividad inmunitaria en su propia estructura, proceso que se conoce como pérdida de la inmunotolerancia, la inflamación en este tejido puede asentarse de manera prolongada. Esto es lo que ocurre en patologías como la dermatitis, el acné o la psoriasis, patologías todas ellas mediadas por la inflamación y fijadas entre otros por el estilo de vida.

Este tipo de afecciones requieren abordajes bidireccionales, de dentro hacia afuera y viceversa.

Desde el interior, intervenciones como la dieta o el uso de probióticos que normalicen la microbiota pueden ayudar a mejorar no solo el estado del intestino sino también de la piel.

Desde el exterior, en cambio, las opciones se reducen de manera importante. Desde un punto de vista médico, las cremas ricas en corticoides han venido siendo la primera vía de actuación a través de la piel para regular la inflamación de esta. Pueden ser eficaces inicialmente, pero generalmente en trastornos crónicos, con el paso de las semanas dejan de serlo, pues el sistema inmunitario se hace resistente al corticoide y a partir de un momento dado la crema pierde mucha eficacia y la inflamación puede prolongar el daño sobre la piel.

Existen otros medicamentos que también se utilizan en ocasiones como fármacos inmunosupresores, especialmente en aquellos casos en que la inflamación no puede controlarse por otros medios. Tanto los corticoides como los inmunosupresores son medicamentos que tienen efectos secundarios que los pacientes suelen conocer bien.

La naturaleza en general y en particular la botánica, ofrece algunas posibilidades interesantes pues numerosas plantas tienen propiedades que podrían resultar muy beneficiosas para los problemas cutáneos de base inflamatoria.

Plantas como la consuelda, el llantén mayor o la caléndula han venido siendo utilizadas durante cientos de años para tratar trastornos cutáneos. Otra planta milenaria utilizada por nuestros antepasados es el Aloe Vera que estimula la fabricación de colágeno, siendo imprescindible para la reparación de lesiones, aporta algunos fenoles con efecto antinflamatorio y aporta antronas y antraquinonas que cumplen una función antimicrobiana.

La dificultad está en conseguir sumar plantas con efectos sinérgicos en forma de cremas con buenas formulaciones, a partir de ingredientes naturales y a poder ser de origen biológico que aprovechen el efecto de estas y otras plantas.

En este sentido, la crema Vera Green Dermo Therapeutic de laboratorios Green Frog se convierte en un producto de primera elección, aporta más de 20 ingredientes naturales entre ellos un Aloe Vera (Aloe Barbadensis Mill) de altísima calidad de origen biológico y de producción 100% española. En mi experiencia, se trata de un producto que ayuda de manera muy interesante a controlar los síntomas asociados a la inflamación cutánea como el picor, la irritación o el dolor, siendo una opción especialmente recomendable para pacientes que deban cicatrizar o presenten acné, dermatitis o psoriasis.

Centro Cuidarte

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